Prosalus es una ONGD que trabaja desde 1985 por la promoción de la salud en Bolivia, Perú y Mozambique. Partimos de la convicción de que cualquier persona, por el hecho de serlo e independientemente de su raza, credo, sexo, nacionalidad, lugar de residencia, estado civil o cualquier otra circunstancia, tiene un conjunto de derechos que son universales, inviolables e inalienables, entre los que se encuentran el derecho humano a la salud, a la alimentación y al agua.



21 may. 2010

De Maputo a Lichinga con Estamos

Pedro Abellán

La segunda parte de nuestro viaje a Mozambique, fue la otra cara de la moneda. Me encontré con una realidad muy distinta de la que había vivido en Casa do Gaiato, con unas situaciones menos favorables, con más problemas de salubridad y un alto porcentaje de enfermos de sida.

El día 13 de Mayo, dejamos Maputo para volar a Lichinga en el distrito de Niassa, a unos 2500 Km al norte de Maputo, donde nos recibieron en el Aeropuerto, Paula y Simáo, miembros de la ONG local ESTAMOS, dirigida por una persona muy peculiar: Feliciano dos Santos, que con Simáo y otros compañeros, que además de ser socios fundadores, son componente del Grupo musical Massukos, que destina los ingresos por actuaciones y venta de grabaciones, a esta ONG.

Este mismo día visitamos una “machamba” o huerta comunitaria, donde encontramos a unas mujeres que azada en mano, estaban preparando la tierra para una nueva siembra. Una de ellas llevaba a su hijo/a, sujeto de forma segura a la espalda, con la “capulana”, prenda tradicional de la mujer mozambiqueña, mientras golpeaba con brío la tierra con la azada. Aquí es duro ser mujer y madre.

Al día siguiente, mientras Paloma viaja con Feliciano a la comunidad de Lago, yo visité las comunidades de Chinbonilla, unos poblados formados por cientos de viviendas o “payotas”, construidas con ramas y cañas, de un solo habitáculo circular y suelo de tierra. Aquí Prosalus está apoyando un proyecto de mejora de las condiciones de vida de personas afectadas por el sida, entre otras muchas acciones mediante la construcción de pozos para el abastecimiento de agua, que antes tenían que acarrear las mujeres desde varios kilómetros. Estos pozos han mejorando sus condiciones de salubridad y de vida.

En uno de estos núcleos de población nos reciben los líderes del mismo: el “regulo”, un hombre de avanzada edad, que representa la autoridad de esta comunidad, impartiendo justicia y tomado las decisiones que afectan a todos sus habitantes. También estaba el “secretario”, representante político del partido en el poder, y los voluntarios, figura creada por este proyecto para apoyar a la población y servir de enlace con los responsables de ESTAMOS.

El domingo día 15, volamos de regreso a Maputo y a la llegada, visitamos un barrio marginal de Maputo, Hulene B, que vive alrededor de un vertedero municipal de basura, que también es su medio de vida, recogiendo todo material susceptible de ser reciclado. Sus condiciones de salubridad dejan mucho que desear, donde ESTAMOS hace una labor muy importante, dotándoles de letrinas y llevando agua canalizada de la red municipal a unos puntos estratégicamente situados para el abastecimiento de sus habitantes.

Con la construcción de letrinas, junto a las pequeñas viviendas de este barrio, se ha conseguido bajar la incidencia de epidemias de cólera, de más de 400 casos a tan sólo 20. La rentabilidad sanitaria es evidente.

Como era domingo, observé en las calles de este poblado, a unos niños volando cometas, construidas con plásticos procedentes de bolsas atadas a unos simples juncos de bambú, que hacían volar con gran pericia, llenado el cielo de cometas, que se elevaban como expresión de sus ganas de vivir y de la ilusión de escapar de su dura realidad de vida. Aún así, se les veía jugar felices.

De regreso a España, me hice las siguientes reflexiones. No es necesario tener mucho para ser feliz. Más bien, la obtención del Estado de Bienestar, nos impide “saborear” la vida, como he podido constatar aquí. Y la segunda, es que en un país con una cultura como la de Mozambique, no es “rentable” ser mujer, porque a ellas les toca la peor parte de la injusta situación socio-económica en la que viven.

14 may. 2010

Visitando los proyectos de Casa do Gaiato

Pedro Abellán

Cuando me ofrecieron la oportunidad de viajar a Mozambique para visitar los proyectos de Casa do Gaiato en Boane (Maputo) y Estamos en Lichinga, me hizo mucha ilusión, por la oportunidad de conocer personalmente, a aquellas personas, que durante muchos años había conocido en los documentos que revisaba en la sede de Prosalus. Ahora puedo poner cara a aquellos nombres que tanto me llamaron la atención, como Deolinda, Felisarda, Almerinda, etc.

Lo primero que he descubierto en Mozambique, es que la idea preconcebida de que este es el tercer mundo, no es correcta, lo que me he encontrado es un mundo diferente al nuestro, pero que no calificaría de tercero, porque en muchos aspectos, mejora al nuestro en valores humanos, en cordialidad, donde la gente, a pesar de su visible pobreza, sonríe y es feliz.

Cuando Paloma y yo llegamos a Casa do Gaiato, tuve la impresión de entrar en Shangri-La, un pequeño paraíso, donde reina el amor y la alegría, con 140 niños en el centro, que pese a la situación adversa que han vivido anteriormente, ahora son felices y lo expresan cuando después de cenar, se arremolinan alrededor de la mesa de los adultos, para como en cualquier familia, pero ésta más numerosa, dar un beso y las buenas noches.

Al día siguiente de nuestra llegada, mientras Paloma tenía interminables reuniones de trabajo con los responsables de las distintas áreas, yo me dediqué a visitar las distintas comunidades donde está implantado el proyecto.

Acompañado por Lidia, coordinadora de prevención y Alberto, coordinador de emergencias, visité la comunidad de Mahenhane, donde nos recibió muy amablemente Carolina, coordinadora de esta escuela, con 160 niños de pre-escolar de 3 a 5 años, enseñándome todas las dependencias: comedor infantil, cocinas, escoliña, centro nutricional, escuela maternal, almacén de alimentos, etc. Donde puede comprobar la limpieza y el cuidado en todo los elementos del recinto, en perfecto estado de conservación y adaptados cada uno a las necesidades de los pequeños, según edades.

Es una alegría verles en clase o en las actividades de juegos en el patio, con sus caras de asombro y sus hermosos ojos negros mirándome fijamente por verme tan diferente. Algún pequeño de los de maternal, se asustaba de ver un hombre tan pálido y se escondía detrás de su cuidadora.

En la misma comunidad de Mahenhane, visitamos las casas de las personas mayores, que viven solos y tienen problemas de movilidad, por lo que al vivir juntos, se ayudan y cultivan su propio huerto, donde cultivan quiabo y frijol para su auto-abastecimiento y venden los excedentes.

Seguidamente visitamos Mahelane, saludando a Sauguina, la Coordinadora, que al igual que Carolina, nos enseña todas las dependencias. Por último visitamos Changalane, que dista unos 35 Km de Casa do Gaiato y nos recibe la Coordinadora, Carolina Matola, haciendo el mismo recorrido que en las otras escuelas. En esta comunidad tengo la ocasión de saludar a un grupo de agentes comunitarios, que nos hacen una representación escénica que utilizan para la sensibilización y prevención del sida. También visito el centro polivalente, actualmente parado, como consecuencia de un tornado que destruyó casi todas las cubiertas. En este centro, se producía aceite de semillas y harina de mandioca.

Al día siguiente, Paloma y yo, visitamos Massaca, la comunidad más próxima a Casa do Gaiato, donde se imparten los cursos del programa de adultos en turno de noche, para aquellos que están trabajando y siguen los estudios. Más de 400 alumnos, muchos de ellos provenientes de las otras comunidades a más de 35 Km, que con carreteras como éstas, se convierten en un infierno.

En todas las escuelas se repite la misma organización y estructuras, sólo cambia las caras de los niños y sus preciosos ojos, que te miran sorprendidos e interrogantes.

1 may. 2010

Viajamos al altiplano boliviano con Yunta

Después de la gira a Potosí y Sucre, regresamos a La Paz porque al día siguiente visitamos de la mano de Yunta el municipio de Papel Pampa en el departamento paceño, muy cerca ya de Oruro.

Pasamos de la zona de los valles al altiplano. Cambia el clima, cambia el paisaje y cambian sus gentes. Yunta trabaja con población mayoritariamente Aymará.

Partimos a las 7 de la mañana y después de 3 horas de viaje, llegamos a la comunidad de Huanquiri. El proyecto que estamos impulsando con Yunta está aún en su fase inicial y aunque a efectos prácticos ya empieza a caminar, oficialmente no lo ha hecho, porque están a la espera de que las nuevas autoridades municipales tomen posesión de sus cargos.

Los técnicos del proyecto que nos acompañaban presentaron a la comunidad las diferentes actividades previstas, como la perforación de pozos de agua, la instalación de bombas de agua manuales, capacitación en el mantenimiento de las mismas, capacitación a las familias sobre enfermedades diarreicas agudas (EDA) e infecciones respiratorias agudas (IRA), vigilancia nutricional en niños menores de 5 años y la siembra de hortalizas como habas, cebollas y zanahorias, entre otras.

Después de Huanquiri teníamos prevista otra visita al municipio orureño de San Pedro de Totora, a casi 2 horas de distancia, para reunirnos con las autoridades municipales y visitar la zona. Sin embargo no pudo ser, puesto que habían sido convocados a una reunión sindical de última hora, con motivo de la preparación de las actividades del 1 de mayo.

Poco a poco fuimos desandando el camino, por pistas de tierra y carreteras que nos mostraron la belleza del altiplano, dejando atrás rebaños de llamas, paisajes de arcilla erosionados por el clima y chullpas o torres funerarias, construidas en piedra y tierra. Y como quien no quiera la cosa, acabamos visitando la preciosa iglesia de Curahuara de Carangas, de adobe y techos de paja, conocida como la capilla sixtina del altiplano boliviano por sus impresionantes frescos de estilo barroco mestizo, del siglo XVI.

Un bonito final para un intenso viaje de 15 días, visitando el trabajo de 8 socios locales, sin los cuales el trabajo de Prosalus no sería posible.