Prosalus es una ONGD que trabaja desde 1985 por la promoción de la salud en Bolivia, Perú y Mozambique. Partimos de la convicción de que cualquier persona, por el hecho de serlo e independientemente de su raza, credo, sexo, nacionalidad, lugar de residencia, estado civil o cualquier otra circunstancia, tiene un conjunto de derechos que son universales, inviolables e inalienables, entre los que se encuentran el derecho humano a la salud, a la alimentación y al agua.



29 nov. 2009

Ciegos y sordos frente al Cambio Climático

Sequías imprevistas, inundaciones y el cambio en el régimen de lluvias están afectando en mayor medida a los pequeños agricultores y en general, a millones de familias que viven de los recursos naturales. Hoy en día hay más refugiados y desplazados fruto de cambios climáticos, que de guerras en el mundo. El hambre es una de sus mayores consecuencias.

El Protocolo de Kyoto, que entró en vigor en 2005, estableció por primera vez objetivos de reducción de emisiones netas de gases de efecto invernadero para los principales países desarrollados y con economías en transición. Una reducción del 5,2% que deberían ser cumplidos entre el 2008 y el 2012, con respecto a los niveles de referencia, del año 1990.

Cuatro años después del Protocolo de Kyoto podríamos decir que el objetivo no fue suficientemente ambicioso para los riesgos ambientales, económicos y sociales. Kirit Parikh, experto del Gobierno indio y miembro del Panel Intergubernamental de Expertos sobre cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) estimó que “el Protocolo de Kyoto ha sido un fracaso porque, entre otras razones, no se establecieron mecanismos que castigaran su incumplimiento”.

Después de la conferencia de Barcelona (2-6 noviembre), última reunión preparatoria a la Conferencia sobre Cambio Climático de Naciones Unidas que tendrá lugar en Copenhague del 7 al 18 Diciembre, el pesimismo se extiende. Muchos opinan que podría ser un fracaso y una oportunidad perdida.

El embajador para el cambio climático de EE.UU., Tod Stern, apuntó que “en Copenhague previsiblemente sólo podrá darse un acuerdo político”, no vinculante. Entre otras razones, porque la política interna de cada país tiene un peso importante, sobre todo si se trata de uno de los países que más gases emite, como es EE.UU. Recientemente hemos podido comprobar cómo la postura en contra o a favor de la Administración Obama puede cubrir o despejar el cielo de Copenhague, quien acaba de confirmar que EE.UU. aumentará la reducción de gases en un 17% para el año 2020.

Pero para los países en vías de desarrollo las naciones ricas deberían recortar sus gases al menos un 40% para el año 2020. La inacción de los ricos “supone condenar a las naciones en vías de desarrollo a la destrucción de ganado y sus economías, que al igual que sus tierras y sus bosques serán destruidos”, declaró en Barcelona su portavoz, Lumumba Stanislau Di-Aping de Sudán, quien apuntó que el coste es mínimo, pues “las naciones ricas gastan miles de millones en saldar la crisis financiera o en defensa”.

La UE adoptó en diciembre de 2008 una política integrada de cambio climático y energía cuyos objetivos para el 2020 son reducir un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero (30% si se alcanza un acuerdo internacional), reducir un 20% el consumo de energía, mejorando el rendimiento energético y conseguir atender el 20% de nuestras necesidades energéticas con energías renovables.

El Cambio Climático afecta ya a diferentes regiones, amenazando el acceso a agua potable y a la energía a precios razonables, poniendo en peligro por tanto la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Entre los principales retos se encuentran detener la deforestación, cooperar en materia de acceso a agua y alimentos, proteger la tierra de la degradación y deforestación, elaborar políticas de cobertura de riesgos y de protección de las sociedades y pueblos más vulnerables.

21 nov. 2009

III Cumbre Mundial de Seguridad Alimentaria - Roma 16-18 nov.

Del 16 al 18 de noviembre se celebró en Roma la III Cumbre Mundial de Seguridad Alimentaria, marcada por la ausencia de los líderes de las principales economías del mundo y en la que se ha puesto de manifiesto el fracaso en la consecución de los objetivos propuestos en reuniones anteriores, de reducir a la mitad las personas que padecen hambre para el año 2015. Según Naciones Unidas, cada día 17.000 niños y niñas mueren por causas derivadas del hambre, alcanzando en el 2009 1.020 millones de personas que se enfrentan a tan extrema situación.

Se estima que hacen falta alrededor de 40.000 millones de dólares al año para cubrir las necesidades de la agricultura y comenzar a hablar de posibilidades de acabar con el hambre en el mundo. Sin embargo, la declaración final de la Cumbre vuelve a dejar en el aire los compromisos concretos y medibles, al igual que tampoco se ha determinado cómo y cuándo se canalizará el dinero.

Sin embargo, sí podemos sacar algo en claro de esta III Cumbre. En la Declaración Final se recoge el compromiso de reformar en profundidad el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, en el que a partir de ahora se incluirá la participación de la sociedad civil. La reorganización de este comité permitirá reunir en torno a una misma mesa y con derecho a voto a todos los países miembros de la ONU, a las agencias dedicadas a la agricultura y la alimentación y a los delegados de las organizaciones de productores y de la sociedad civil

El Foro Paralelo de Sociedad Civil señaló que “la Soberanía Alimentaria es la solución real a la tragedia del hambre en nuestro mundo” y que “implica transformar el sistema alimentario actual para asegurar que quienes producen los alimentos tengan un acceso equitativo al control sobre la tierra, el agua, las semillas, la pesca y la biodiversidad agrícola”.